Hombre blanco, esto es lo que nos propone Ascensión González para esta ocasión. No es uno, sino grupos de hombres aislados unidos por una igual soledad. Almas acompasadas en un mismo ritual, grupos de hombres sin alas para volar. El otro día me encontraba con unos amigos y uno pregunto – ¿pero tú sabes lo que tienes que hacer para conseguir alas?... En el teatro de la vida muchas veces nos encontramos en un intento de volar, de salir hacia lo desconocido, de realizar una huida hacia la nada. En el primer acto, partiendo de las contrariedades propias existentes en la manera de vivir, la artista nos invita a un camino sin salida, por el caos que supone todo aquello que no podemos comprender, que no nos deja ser, en definitiva que no nos permite ni volar,ni retornar, no poseemos alas. Hombres hélice, hombres luz, hombres espada, hombres florero, hombres ahogados en sus propios fluidos, definitivamente grupos de hombres blancos unidos por una acción inexistente, por un estado de latencia infinito, que nos van aprisionando en los distintos actos de esta representación. Hélice inmóvil, luz oscura, espada sin hoja, flor marchita, secos fluidos síntoma de lo no social. Interiores contradictorios que nos aprisionan y nos subyugan en la manera de existir. Hombres blancos perdidos en la senda de la vida, estacionados en esta parada a la espera de un pronto final. Al principio no teníamos alas, no podíamos volar. Escenografías de seres solos acompañados por su propia soledad. Se nos han mostrado Interiores perdidos, aislados por yermos embarazos propios de la acción de andar. Caminos de la vida que solo nos dejan remontar. En el epilogo otra pregunta… ¿serán necesarias las alas para volar?....

Daniel Tejero, Valencia 2005